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El jardín de Sevilla

Publicado por Daniel Moya López el diciembre 17, 2013
Publicado en: Ruinas. Etiquetado: Aníbal González, Exposición Iberoamericana 1929, Parque de María Luisa, Plaza de América, Plaza de España, Sevilla, Seville. Deja un comentario

Como una selva desfasada, uno de los pulmones de Sevilla respira asfixiado. El tiempo no perdona a nadie si recae en la senda del divagar día tras día. Tampoco lo hace el abandono de sus instituciones, ni la decadencia paulatina de una sociedad que confunde sus horizontes. Los bancos respiran oxidados y tapados bajo una leve sábana de polvo. Los numerosos pequeños retales de un enclave único en España permanecen heridos en su piel. Y lo que es peor, con el alma deprimida al mirarse en el espejo de los ojos de sus visitantes. Cuando las doce campanadas se escuchan para dar paso a la madrugada, sus puertas se cierran y sus oscuros senderos trasvasan el suspiro de todos sus elementos. Es el parque de María Luisa recordando tiempos mejores.

Los duques de Montpensier, dueños del majestuoso Palacio de San Telmo, quisieron en pleno siglo XIX (1850) completar su residencia con la compra de dos fincas donde construyeron un jardín irrepetible, objeto de coleccionista, poema de la naturaleza. El enésimo tesoro nobiliario que florecía – nunca mejor dicho – en Sevilla. Éste, por sorpresa, pasó a manos públicas cuando la infanta María Luisa de Borbón cedió los terrenos en 1893, tal y como apunta la web oficial de turismo en Andalucía. Un regalo que recibió por compensación su nombre. Aquel paraíso en miniatura pasó a convertirse en el jardín común de todos los sevillanos. Un rincón callejero para sentirse como en casa. Su inauguración no pudo ser más intrínseca de la ciudad, pues el parque abrió su corazón para convertirse en otra de las bellas damas de Sevilla en plena Feria de abril de 1914.

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Lago de la Plaza América l Daniel Moya López

Los ropajes de este museo natural se transformarían con nuevas galas de cara a la primera de las exposiciones del siglo XX, la Exposición Iberoamericana de 1929. Algunos de ellos son lugares dorados para la ciudad en la actualidad. La Plaza de América, hogar pasajero para las palomas, y sobre todo, la magnánima Plaza de España, obras de Aníbal González tal como puede consultarse en el archivo histórico de la web del Ayuntamiento de Sevilla, otorgarían al Parque de María Luisa el mayor resplandor que jamás alcanzó aquel bosque urbano en el que perderse era un regalo. Laberinto de romances, de paseos solitarios en esa eterna espera, de escritos bajo un árbol bohemio, de lágrimas temerosas y de retales personales a compartir.

La Exposición Iberoamericana de 1929 partió y con ella se fueron lentamente noches de desvelo absoluto. El Parque de María Luisa se acorraló en su soledad, y el crack de 1929 dictó la sentencia de los mercados, que por entonces ya elaboraban constituciones bursátiles. En su depresión, languideció aquel rincón durante casi tres décadas. Mientras tanto, su verde se tornó cada vez más oscuro y raudo, los azulejos dejaron de brillar a la luz del sol y el agua pasó de cristalina al color verdoso abandono. La sonrisa tímida se desdibujó a una boca entreabierta cuando los buenos tiempos se quedaron en recuerdo y no en realidad.

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El estanque de los patos es uno de los lugares más visitados del Parque María Luisa l Daniel Moya López

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Pato en el estanque, una de las grandes atracciones para los niños l Daniel Moya López

Tras una leve recuperación en la década de 1950, la modernidad más reciente terminó de arrancarle aquellas galas que mantenían al parque con destellos de sus grandes días. El vandalismo que Sevilla jamás ha sabido frenar, e incluso ha dejado crecer, se apoderó de la selva, que al acaecer la noche se transformaba en un lugar muy distinto al que se escoltaba bajo la claridad del día. El Monte Gurugú pasó a ser la montaña de las caladas entre pandillas, igual que los compartimentos de esos trenes de la niñez, a los que se les robó la imaginación. La Plaza de España secó su canal, y en su desnudo dejó ver sus más profundas imperfecciones. Los azulejos de las ciudades del país tenían que ser restauradas una vez tras otra. Cuando se alcanzaba la capital de Aragón, Zaragoza, había que retroceder de nuevo al País Vasco para rescatar Álava.

Sevilla vio cómo el fango de la desconsideración se apoderaba del homenaje a algunos de sus personajes más característicos, como los hermanos Álvarez-Ossorio (hecho del que informa El Correo de Andalucía), o Gustavo Adolfo Bécquer. Algunos perdieron hasta la cabeza, por desgracia, no sólo metafóricamente, como recogió Diario de Sevilla. La imagen se tornó lamentable. Los visitantes se maravillaban incompletos al ver aquella dama natural de encantos en su esencia que trascienden más allá de sus cicatrices en la apariencia. Los sevillanos de a pie dejaron de asistir con tanta fluidez a su jardín. Todas las noticias que provenían de su pulmón era un drama tristemente normalizado. Los designios parecían consumados.

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Vista desde uno de los balcones de la Plaza de España l Daniel Moya López

Sin embargo, en los últimos años las instituciones han reaccionado. Se miraron en el pasado y se reconocieron en los errores. La apuesta por devolverle la vida debía ser fuerte, tanto como el esplendor que podría alojar el Parque. La Plaza de España recuperó su auge, presentando un aspecto de ensueño, información de la que se hizo eco El Mundo. Sus canales volvían acoger barcas, sus ciudades a ser pequeños municipios de ese enorme semicírculo en el que descansar, la fuente a alzarse en busca del cielo y las vistas de sus zonas más altas un rincón íntimo en el que depositar suspiros y susurros al vuelo.

También sus jardínes, flores y algunas de sus fuentes. El estanque de los patos a seducir a estos animales. Sus senderos de albero a ser testigos de la Sevilla atlética para convertir del deporte en arte. La Glorieta de Bécquer lugar para poetas errantes, y para enamorados que se abrazaban bajo la atenta mirada del maestro del Romanticismo.

Tronco caído en la fuente de los leones, ejemplo de algunas tristes imágenes del Parque l Daniel Moya López

La seguridad ha mejorado, aunque ni de lejos ha conseguido placar el problema. La Plaza de España se ha cercado con enormes rejas, y guardas de seguridad se cercioran de que nadie se queda en el interior del Parque de María Luisa. Sería ideal que las puertas permanecieran abiertas, y que se pudiera pasar la noche entre esos caminos en los que las hojas bailan al componer del viento. Pero la mentalidad humana, en claro retroceso, priva de ese caviar intangible por precaución.

El Parque de María Luisa es una belleza enjaulada en tiempos modernos. Jardín de Sevilla que respira recuerdos, se inmortaliza en fotografías y guarda resquicios de esperanzas. Su situación no es crítica, pero sí más que mejorable. Lo que nadie le quitará será ser escenario de besos y final de días memorables, de manos entrelazadas con niños en una tarde en la que el tiempo pasa tan rápido como antaño, de recogimiento nocturno mientras cornetas y tambores se cuelan entre las ramas en Semana Santa, de imágenes de aquel viaje inolvidable, de reportajes, como éste, de escritores que anhelan volver a sentarse en sus jardines junto a aquellos ojos que eran su poesía.

La Sevilla olímpica

Publicado por Daniel Moya López el diciembre 15, 2013
Publicado en: Leyendas. Etiquetado: COE, COI, españa, Estadio Olímpico La Cartuja, JJOO, Juegos Olímpicos, Sevilla, Sevilla 2004, Sevilla 2008, Sevilla 2012. Deja un comentario

Hubo una vez un sueño en la que la Sevilla más ambiciosa quiso ser Diosa. Soñó con unirse a los vestigios del monte Olimpo y permanecer aun más si cabe en la posteridad de los tiempos. En su imaginación se coronó con laureles en un podio en el que volver a ser, por efímeras dos semanas, lo que fue durante un siglo: capital del mundo. En esa aspiración de regresar al pasado en tiempos modernos para encender ese volcán interno, Sevilla se quedó en pensamientos de ensueño más que en una realidad latente. Los Juegos Olímpicos nunca llegaron a Sevilla.

Con la ciudad lanzada en el frenesí de la Expo ’92, el por entonces alcalde Rojas Marcos esbozó una idea que en aquellos momentos no parecía quedar tan grande. Tras la enorme inversión realizada para acoger la Exposición Universal, y el éxito de la misma, el sueño olímpico sevillano comenzó a construirse, hecho recogido por Memoranda, la videoteca de Canal Sur. Sevilla sería ciudad candidata a albergar los Juegos Olímpicos de 2004. Con una inversión estimada en 328 millones de euros, como recoge El País, puso su nombre en la élite del deporte mundial y apostó por acoger, probablemente, el mayor desafío de la historia moderna de la ciudad. Una ilusión demasiado ilusa, por jugar con la redundancia. En 1997 la ciudad se topó con una triste realidad, y es que por muy altas que pusiera sus miras, Sevilla estaba demasiado verde como para afrontar un evento así. El Comité Olímpico Internacional (COI), pese a que mostró sus encantos por el potencial que podría desplegar la ciudad en el futuro, no dio opción a rozar el cielo de los dioses. La candidatura hispalense no superó el primer corte.

Pero la vida son sueños, y los sueños, sueños son, que dijo Pedro Calderón de la Barca. Y vivir sin soñar es sobrevivir el pasar de los días. Albergar unos Juegos Olímpicos es una carrera de fondo, de perseverancia, de constancia y de amor ciego. Sevilla volvía a presentarse como candidatura para albergar los Juegos Olímpicos de 2008, pese al resquemor de algunos sectores políticos que parecían más obligados que ilusionados. Para entonces la ciudad había avanzado, ganó ese gramo de experiencia necesario para soñar por competir. Los mundiales de atletismo de 1999, la final de la Copa de la UEFA en 2003, los mundiales de remo de 2002, los europeos de natación de 1998 y otros eventos deportivos de envergadura, la colocaban como una ciudad capaz de acoger al deporte en su máxima escala con eficiencia. La novedad estrella fue la construcción del Estadio Olímpico de La Cartuja, una inversión de más de 120 millones de euros para uno de los mejores complejos deportivos de Europa que sería categorizado con el máximo rango por la UEFA, el de 5 estrellas. La inversión para esta candidatura fue de 300 a 400 millones de euros, pero Sevilla se quedó en el primer corte una vez más. En realidad, pese a sus avances, las carencias de siempre la dejaban sin opciones. La ciudad era incapaz de subsanar los defectos que poseía para albergar unos Juegos Olímpicos. El eterno suspiro por lo inalcanzable volvía a ser el aire de la ciudad.

El espectacular Estadio Olímpico de La Cartuja l sevilla.org

El espectacular Estadio Olímpico de La Cartuja l sevilla.org

No desistió en su sueño, aunque las heridas ya lo tuvieran muy mermado. Sevilla volvía a presentarse para los Juegos Olímpicos de 2012, pero un invitado inesperado se entrometió. Madrid, empeñada en emular a Barcelona dados sus complejos, decidió que podía ser el centro del deporte mundial, cuando apenas en su historia había acogido grandes compromisos deportivos. El último, de hecho, fue la final del Mundial de fútbol en… 1982. El centralismo del Comité Olímpico Español (COE) se lo puso en bandeja a la capital y Sevilla tuvo que competir sin opciones contra su nueva enemiga para seguir aspirando a un sueño que cumplía más de una década. La mano alzada que ansiaba rozar los cabellos de las nubes olímpicas volvía a recibir otro golpe, que dejó un moratón que aún duele hoy por hoy.

Madrid en su superioridad ofreció a Sevilla ser subsede, algo que el alcalde sevillano Alfredo Sánchez Monteseirín aceptó a escondidas. Pero el principio de acuerdo salió a la luz, y los sevillanos se mostraron en contra de que Madrid, en su eterno alarde de superioridad hacia el resto, se mostrara por encima, cuando históricamente el legado pertenecía a Sevilla por haber apostado durante varios años, información que puede consultarse en El País. Caso omiso, el COE se decantó por la solución fácil y decidió que Madrid fuera la representante de España para 2012 en una votación que no dejó tan claro que la capital tuviera tantos apoyos, venciendo por 157 a 103, según puede verse en el diario El Mundo. Luego el tiempo, elemento inexpugnable y que a todos pasa por igual pero afecta de distinta forma, puso en su sitio a Madrid en un fracaso tras otro en 2012, 2016 y 2020. Tras el varapalo de tener que retirarse a marchas forzadas, Sevilla se dio un respiro en su tristeza, y decidió esperar hasta cuatro ediciones para volver a plantearse y besar ese anhelado pero remoto, muy remoto sueño, como informó Diario de Sevilla.

El proyecto de Sevilla contaba con muchos puntos favorables para organizar esa bestia llamada Juegos Olímpicos. El Estadio Olímpico de La Cartuja – nombre erróneo, pues al no ser nunca sede de las olimpiadas no puede ser considerado como tal – es uno de los mejores complejos de Europa, mientras que el río Guadalquivir, uno de los mejores canales para la práctica de deportes en piragüismo y remo. Para la práctica del fútbol, Sevilla posee dos estadios de Primera División, mientras que en el Palacio de los Deportes de San Pablo es un buen complejo deportivo para albergar deportes no tan mayoritarios como la gimnasia o las diferentes competiciones de lucha. También destacan el Palacio de Congresos, en el cual se ideó la posibilidad de acoger diversos deportes, el velódromo de Dos Hermanas para las pruebas de ciclismo en pista y el Real Club de Pineda para las competiciones de hípica. Y la otra gran baza que jugaba a favor de las candidaturas sevillanas era la cercanía con la costa, lo que permitía unos traslados sencillos desde la villa olímpica.

La Glorieta Olímpica, entrada al Puente del Alamillo l panoramio.com

La Glorieta Olímpica, entrada al Puente del Alamillo l panoramio.com

Villa olímpica que cambió de lugar en las diferentes tres candidaturas. Si bien en 2004 su lugar estaría en los Bermejales, para 2008 se quiso utilizar el terreno baldío de Tablada y para 2012 las luces sombrías del Polígono Sur, con la villa olímpica en el lugar que ocupan hoy las 3000 viviendas. Retales de aquellos Juegos Olímpicos ensoñados por Sevilla pero que siempre parecieron estar en ese mundo de los imposibles y no en una realidad tangible. Hoy el Estadio Olímpico de La Cartuja, la Glorieta Olímpica, e incluso la hermana tapada de la Torre del Oro son retales de aquel ideario montado en las risueñas mentes sevillanas. También naufragó esa brillante idea de volver a tiempos pasados que colocaba a Sevilla como la Olimpia del siglo XXI con las competiciones de lucha en las ruinas romanas de Itálica, como recogió en un breve reportaje ABC de Sevilla hace unos meses.

¿Cuáles fueron los déficits de las candidaturas? Por más que Sevilla soñara con ser el monte Olimpo durante dos semanas, su estatus a nivel mundial jamás superó la condición de ciudad mediana, de apenas 800.000 habitantes y con atrasos en las ofertas hoteleras, medios de transporte público e infraestructuras de la ciudad. No en vano, los Juegos Olímpicos venían grande a Sevilla, cuyas posibilidades de plazas hoteleras eran de 22.000 por las 42.000 mínimas exigidas por el COI en 2008. Además, el transporte público era deficitario, con líneas de metros que apenas eran proyectos y que apenas se ha avanzado hasta construir la primera, aunque incompleta. Y la expansión de la ciudad no parecía convencer a los miembros del Comité Olímpico Internacional, que calificaron a Sevilla como urbe de “mediana entidad”, con un aeropuerto de poca proyección internacional y una ronda de circunvalación obsoleta a la espera de nuevos proyectos que hoy aún siguen en construcción… u olvidados. Así pues, Sevilla se tropezó despertándose del sueño con la misma piedra una y otra vez, pese a tener más argumentos a favor que en contra.

Aquellos años de olimpismo sevillano parecen ya lejanos, aunque no fueron mucho más lejos de ayer. Los cinco anillos nunca descendieron de los cielos para anclarse en los picos más altos de la ciudad. Y apenas hay elementos que hagan recordar que algún día se postuló para ofrecer aposento a uno de los eventos más magnánimos de la agenda mundial. Sevilla se enamoró de aquel sueño. Y sólo siendo Diosa del Olimpo creyó ser capaz cortejar a su amante y entrar en su historia para siempre. Pero no lo consiguió. Sin embargo, en algún lugar de la ciudad reposa ese sueño que el corazón no olvida. Espina clavada que jamás se va. Y es que los imposibles también existen.

Vídeo publicado por Sevilla Olímpica.

El Polígono Sur: Luces sombrías

Publicado por Daniel Moya López el diciembre 13, 2013
Publicado en: La otra Sevilla. Etiquetado: asociación familiar la oliva, ayuntamiento de sevilla, distrito sur, la oliva, la otra sevilla, las 3000 viviendas, las letanías, las vegas, marginación, polígono sur, Sevilla, sevillanos. Deja un comentario

Tras los focos, imágenes inmortalizadas en postales para el recuerdo, leyendas que se pasean entre las calles, y una belleza admirada por todas las personas que respiran el aire instalado en la ciudad, Sevilla guarda su cara más triste. La otra. La desconocida. En todo paraíso hay lugar para el destierro, donde las sombras no refrescan sino sacuden como sol veraniego. Retales que no son históricos, pero que permanecen alejados pese a ser la realidad más cotidiana de la ciudad. Lugares donde la vida sonríe de forma diferente, o las lágrimas se derraman con otro cariz. Escuelas callejeras donde se aprende a vivir siempre desde lo más bajo. Un crecimiento que aporta otro prisma en los ojos de cada uno. Pero no por ello es negativo. En absoluto, esos cristales con los que se lanza la mirada otorgan una experiencia válida para el futuro.

El Polígono Sur acoge las barriadas de las afueras de la ciudad en su vertiente meridional. Comenzó a edificarse a finales de los años sesenta, dentro de los planes de expansión de las principales ciudades españolas que necesitaban crecer hasta el punto que la población llegó a triplicarse, proyectos que pueden verse en la hemeroteca de ABC de Sevilla. El sur de la ciudad era un lugar propicio para construir nuevas residencias pese a su lejanía. Este nuevo entorno, acogido como una nueva oportunidad para muchas personas que veían la posibilidad de comenzar de nuevo, tuvo en sus primeros vecinos a personas que se trasladaron de otros barrios conflictivos. Sin embargo, el cambio no fructificó. Las esperanzas se vinieron abajo.

Las instituciones dejaron de lado a esta zona, que quedó completamente marginada y se convirtió en un suburbio cerrado en el que proliferaron las actividades más virulentas que afectan a las más de 50.000 personas que habitan en ella, como puede comprobarse en el censo del Distrito Sur. La droga, los robos y el vandalismo se hicieron dueños de las diferentes barriadas, sobre todo mientras más a las afueras se adentraba el callejero, donde la sangría es una hemorragia desenfrenada. Paralelamente, los estereotipos también crecieron y el Polígono Sur se convirtió para el sevillano de a pie en un lugar peligroso donde sólo residen gitanos y gentuza. Una discriminación tan injusta como pobre, por más tintes de realidad que pueda contener. Sevilla, tan abrazada a sus raíces, es capaz de despreciarse a sí misma con facilidad. Idiosincrasia intocable.

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Pista de baloncesto completamente abandonada l Daniel Moya López

Los medios de comunicación también han tenido su influencia en este contexto. A menudo, las únicas informaciones que ven la luz en la página de los periódicos, en las cámaras de televisión o en los micrófonos de la radio son aquéllas que guardan una connotación negativa. Tan sólo se habla de la agresión a profesores, de redadas policiales y nada de las buenas obras que se realizan en sus respectivos barrios para ayudar a los más desfavorecidos. Esos guardianes del ciudadano se perdieron por la senda de los intereses. Un brazo del poder que protege y desprotege a los vecinos con el simple hecho de abrir o cerrar el puño. Convirtieron un barrio alicaído en una selva sin control, una hiperbolización dramática propia de la ciudad.

Por tanto, es indudable que estas barriadas son la asignatura pendiente de Sevilla, que ha sido incapaz de dar una solución definitiva o certera a sus problemas. Una desconexión con la ciudad que viene desde la pasividad, porque a la hora de la verdad el Polígono Sur cuenta con medios para salir a flote. Por ejemplo, en transportes públicos cuenta con hasta cinco líneas que (2, 30, 31, 32 y el nocturno A5) que la comunican con el resto de la ciudad. Un debe quizás sea su única parada de Taxi, en ocasiones vacía de vehículos. De hecho, algunas veces estos se han negado a transportar a sus pasajeros a la zona por miedo.

Es una realidad que el Polígono Sur es una zona conflictiva, complicada y difícil, pero las instituciones tampoco parecen hacer mucho por evitarlo y han sumido en el abandono a las barriadas. La presencia policial es escasa, y la renovación de las infraestructuras demasiado intermitente. Bien es cierto que los vecinos tampoco han ayudado y muchas veces son ellos los responsables del deterioro de parques infantiles o pistas deportivas. En esas tierras sin ley, el peor enemigo es uno mismo. La ignorancia de no saber lo que se tiene.

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Restos de una fogata encendida en La Oliva l Daniel Moya López

Pero generalizar no es la solución a los problemas. Tan sólo sirve de venda para cegar que existen alternativas y opciones, interesen o no. Más allá de mayorías o estereotipos, el Polígono Sur es una zona de Sevilla en la que viven trabajadores muy dignos y que tienen que sobrevivir día a día con la marginación. Una zona obrera en la que no hay ninguna norma que recite aquello de que es imposible triunfar. No en vano, de sus barriadas han salido muchos ejemplos de personas que se han labrado buenas sendas en su vida. Es el caso, por ejemplo, de Paco Mije, ex futbolista que llegó a debutar en Primera División con el Sevilla FC. “Yo nací en las 3000 viviendas y con 10 años me vine a La Oliva, que siempre he dicho que es un barrio de trabajadores. Yo me he sentido muy seguro de niño aquí, aunque sea un barrio más complicado”, afirma. Paco no cree que el hecho de salir de esta zona suponga inconvenientes, ya que “si te gusta realmente lo que haces, creo que hay el mismo nivel de posibilidades seas de aquí o seas de Los  Remedios”. No es el único caso. Jugadores como Domingo Cisma o Raúl Martín también salieron de esta cantera. Luces entre tantas sombras, y es que aunque el sol a veces parezca difuso, nadie dijo nunca que no existiera por estos senderos de cemento y descampados de hierbajos sedientos.

Claro que no todo es talento deportivo. Dentro de los estigmas con los que se ha marcado a la juventud, sobresalen casos que desmienten esos dogmas impuestos con más facilidad que conciencia. No todo es absentismo escolar, ni niños en las calles, ni desempleados sin perspectivas de futuro. Juan Tejero es graduado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Sevilla, y actualmente cursa un máster universitario en Estudios Avanzados en Dirección de Empresas. “Nunca me ha supuesto una dificultad añadida vivir en las 3000 viviendas. He jugado y crecido como los demás niños de cualquier otro barrio”, se sincera. Juan consiguió sacarse la carrera con una solidez brillante, curso tras curso sin materias pendiente. Él defiende la capacidad de la persona: “El barrio no te dictamina tus posibilidades. Depende de la persona, de las ganas que tenga uno de labrarse un buen futuro”, y añade con contundencia que “estoy haciendo un máster y vivo al lado de Las Vegas”. Tampoco es un rayo de sol aislado, existe un número a tener en cuenta de estudiantes universitarios que tienen su residencia por estos lares.

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Dos antiguos comercios que permanecen cerrados y cuyas fachadas han sido tatuadas l Daniel Moya López

Sí es cierto que la mayoría de jóvenes no alcanzan estos logros, perdidos por la senda más oscura de las barriadas que componen el Polígono Sur. Muchos amigos y compañeros que se quedaron en el camino atraídos por la peligrosa filosofía del dejarse llevar. Aún así, Juan cree que esto se deba tal vez “por la educación que reciben de los padres, que no les inculcan lo adecuado”. La imagen negativa que existe alrededor de esta zona les perjudica, no permite progresar y la marginación es patente en todos los escalafones de la sociedad. “Existe marginación hasta el punto de que a cualquier persona cada vez que hablas de esta zona les da miedo y evitan cualquier presencia en estos lugares”, sentencia. ¿El camino a mejorar? Demasiados senderos existen al frente, pero este estudiante echa de menos “mayor presencia policial y la creación de una comisaría cerca, que se imponga la ley”. Y es que, las más cercanas se hallan en Bami o en Los diez mandamientos, pero ninguna en sus interiores. Una petición que viene desde los años 80 desde la plataforma ‘Nosotros también somos Sevilla’ y que nunca ha sido satisfecha, a pesar de que las distintas instituciones se comprometieron a ello, como recoge Andalucía Información.

Desde 2003 existe el Plan Integral del Polígono Sur, una iniciativa formada por un Comisionado que pretende la recuperación del barrio tras las reivindicaciones vecinales con lemas como “El Sur existe”. A través de modelos de gestión y financiación, este proyecto pretende conocer los problemas de la zona y resolverlos. Sin embargo, aunque se han logrado pequeños avances durante el mandato de Jesús Maetzu, actual Defensor del Pueblo de la Junta de Andalucía, queda demasiado trabajo por delante y muchas perspectivas que parecen remotas. Tras aceptar ese cargo, María del Mar González asumió el reto, hecho que recogió Diario de Sevilla con diez desafíos que conforman la triste imagen pública e interna del Polígono Sur.

Entre las innovaciones más destacadas se encuentra la reforma del Centro de Salud Inmaculada Vieira Fuentes, con un moderno edificio adaptado al acceso para todas las personas, y la construcción del Centro Deportivo Polígono Sur, con instalaciones bien preparadas para practicar deporte. También hace ya algunos años que se impulsó la cabalgata de Reyes Magos para todas sus barriadas, existiendo anteriormente tan sólo la de La Oliva. Además se han logrado poner talleres para las personas más desfavorecidas y jóvenes en riesgo de exclusión social. Y en el futuro contará con un centro de día para mayores, tal y como informó Sevilla Actualidad.

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Restos de basura en un árbol no fomentan una buena imagen l Daniel Moya López

Hilario Moya es el secretario de la Asociación Familiar La Oliva, una de las más grandes del Polígono Sur. Tras muchos años involucrado, conoce bien la realidad de la zona y su devenir en el tiempo. La experiencia es un grado, afirma el caprichoso refranero español. Como miembro de la Junta Directiva de la Asociación, ha sido partícipe de la colaboración con las instituciones: «El Ayuntamiento nos da tres subvenciones, una de funcionamiento, otra de viajes, y una última de actividades culturales. Además, el Instituto Municipal de Deportes nos da también otra para deportes«.  Sin embargo, estas ayudas son insuficientes. «La cantidad es de 790 euros para todo el año, que no nos da ni para pagar un recibo de la luz«, explica Hilario. Estas asociaciones tienen una importancia vital para las distintas barriadas, pues suponen un apoyo para los vecinos con una serie de ayudas de agradecer para los mismos. «Nosotros tenemos una biblioteca a disposición de las personas que lo deseen, así como ramas para la juventud, la tercera edad y las mujeres, donde se imparten cursos y conferencias«, comenta el secretario de la A.F. La Oliva, que prosigue diciendo que «el deporte también es  una labor fundamental, y con nuestros equipos evitamos que los niños pasen más tiempo en la calle con el riesgo que ello conlleva de que se metan por otros designios no tan deseados«.

Él se trasladó a La Oliva a mediados de los años 80. Es por eso que ha visto como el barrio ha evolucionado a lo largo de los años. «Creo que las instituciones pueden hacer mucho más, pero lo cierto es que les da un poco igual la situación del Polígono Sur. En vez de presumir de gastar y destinar dinero al barrio, lo que deben hacer es ejecutar, porque aquí no se ve dónde está el dinero. ¿Dónde está el dinero?«, dice. Además, critica los intereses políticos sean del partido que sean. «Hasta que algo no sale en los medios de comunicación, no les importa. Por eso los medios son muy importantes aquí, aunque luego reseñen lo malo y den informaciones equivocadas. Pero si quieres denunciar algo, sólo puedes hacerlo a través de los medios directa o indirectamente«.

La vertiente sur sevillana tiene recursos para salir del pozo. Gente trabajadora, con buena voluntad y perspectivas de futuro que permiten que con un empujón, las heridas se alivien y el suburbio sea menos hermético. La labor es compleja, se requiere concienciación para el ciudadano, mostrar las virtudes que habitan por la zona y apostar por ellas. Formación y educación, pero también otorgar oportunidades a muchos jóvenes que intentan buscarse un hueco entre tanta niebla no atmosférica. Hay muchos errores, por parte de ambos bandos, pero nunca es tarde para abrazar a un corazón sombrío.

Y en ese caminar trasiego y sin rumbo sigue el Polígono Sur, cada vez más desorientado y desesperanzado. En esas calles desgastadas, donde la noche es algo distinta y el ambiente peculiar, los años han pasado, algunas caras se han renovado, pero la situación sigue siendo la misma pese al cruce de décadas. Sevilla, ciudad de dos caras, monumental en su historia, y monumental en sus miserias. Destella al exterior una imagen de brillo a relucir, mientras en otras zonas las cenizas y las brasas de candelas encendidas en madrugadas a la intemperie son los restos arqueológicos que nadie admira. Por fuera luce sólida, serena y esboza una sonrisa, pero por dentro esconde demasiadas huellas de garras que sangran lágrimas de dolor. Rostros que ocultan la tristeza interna. Existen dos ciudades que viven en paralelo pero separadas por una barrera invisible pero cuya demolición no parece preocupar a nadie. Dos Sevilla. Y ésta es la otra.

La hermana tapada

Publicado por Daniel Moya López el diciembre 11, 2013
Publicado en: Rincones ocultos. Etiquetado: BIC, bien de interés cultural, Guadalquivir, Sevilla, Seville, Terremoto Lisboa 1755, Torre de la Plata, Torre del Oro. Deja un comentario

A los pies del río sonríe orgullosa como símbolo de la ciudad. Cientos de años la contemplan, y más barcos aún han pasado por su alrededor, ya fuera para observarla o para traer material que acoger en sus galerías. Siempre famosa, ha sido objetivo de planos, flashes y retratos nocturnos que la codiciaban como bella dama. La amante perfecta. Una sevillana con luz propia que se refleja en el cauce del Guadalquivir, su fiel escudero. La Torre del Oro siempre fue la hermana bonita.

Cerca de ese emplazamiento a orillas del río se encuentra la Torre de la Plata, monumento desconocido y ensombrecido por uno de los grandes símbolos de Sevilla. Sin embargo, ambas siempre fueron de la mano, hasta que en 1821 se procedió a derrumbar la muralla que las unía cortando un vínculo que defenestró a la hermana segundona, tal como se recoge en la hemeroteca de ABC de Sevilla. Fruto de ese ensanche, la Torre de la Plata quedó a la deriva, a pesar de que el río le quedaba algo más lejos y vio cómo a su alrededor se construía hasta dejarla solapada en el fiel retrato del progreso de la ciudad.

Fue construida en el siglo XIII, entre los años 1252 y 1289 según recoge la base de datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía, ordenada por los musulmanes, los cuales ya estaban en sus últimos años de dominio sobre Sevilla. Hay diversas teorías acerca de su nombre. Tal como se puede comprobar en el enlace anterior de ABC de Sevilla, la más lógica hace pensar que era el lugar donde se guardaban las reservas de plata. Pero hay otra teoría, planteada por Zuñiga en el siglo XVII, en la que se afirma que su nombre viene por su aspecto físico, de color más blanquecino que se asemejaba a la plata.

Visión de la Torre de la Plata desde el aparcamiento trasero l El Correo de Andalucía

Visión de la Torre de la Plata desde el aparcamiento trasero l El Correo de Andalucía

Con la construcción de nuevas viviendas, sus alrededores se convirtieron en refugio para los más desfavorecidos. Estos nuevos edificios terminaron por ocultarla prácticamente, y el olvido se avalanzó sobre ella. Apenas podían acariciarse visualmente las almenas que culminaban la torre en una estampa incomprensible y extraña para quien no supiera de su existencia. Sevilla fue injusta con aquel edificio octogonal que se levantaba con más pena que gloria.

Ya en 1992, se realizó una restauración de la zona y ello permitió que estuviera más accesible a la vista, si bien nunca se mostró en su plenitud. Se derribaron algunas de las casas aledañas y la parte trasera fue acondicionada para albergar un aparcamiento. La modernidad se pasea entre retales de siglos de historia. Pese a ello, es considerado Bien de Interés Cultural y está previsto que se le rodee de jardines para fomentar su recuperación como monumento histórico, aunque el proyecto es apenas una mera intención más que un hecho, algo que criticó en Diario de Sevilla el arquitecto José García-Tapial y León.

La Torre de la Plata encerrada entre viviendas l Julio Domínguez Arjona

La Torre de la Plata encerrada entre viviendas l Julio Domínguez Arjona

Su función no era otra que la de servir de defensa. Por ello estaba embaucada en la muralla y servía de protección para la ciudad en una construcción que alcanzaba hasta el Real Alcázar. Pero aunque compartieron principios, el devenir fue muy diferente para ambas. La Torre del Oro siempre ha sido cuidada y ha permanecido en los ojos con un mimo especial, incluso cuando el terremoto de Lisboa de 1755 la hizo peligrar, como recoge El Comercio. Todo lo contrario que la Torre de la Plata, cuyo nombre quedó atrapado en un callejón sin esperanzas y tan sólo ahora, aunque demasiado lentamente, parece que está dispuesta a recuperar su lugar en la ciudad.

En la calle Santander, donde la simbología vuelve a jugar una vez más y sitúa otro retal de Sevilla como si no fuera parte de la ciudad, se encuentra uno de los monumentos más desprestigiados de la capital. A solas, a pesar de la compañía, ha visto el transcurso de siglos y siglos de historia, mientras la ciudad crecía en sus propias piedras. De reojo, con la mirada mordida, avista a apenas 100 metros a su hermana gloriosa. No tiene compasión, y ya ni siquiera suspira. La Torre de la Plata permanecerá anclada en un triste pasado y un nimio presente a la espera de que sus conciudadanos recuerden que un podio rinde homenaje a tres cajones.

La fuente de la Judería

Publicado por Daniel Moya López el diciembre 9, 2013
Publicado en: Rincones ocultos. Etiquetado: Fuente de la Judería, Giralda, Luis Cernuda, Real Alcázar, Santa Cruz, Sevilla, Seville. Deja un comentario

El silencio se hace inmenso en la noche y la dulzura cubre un entorno sin igual en toda la ciudad de Sevilla. El sabor añejo se hace obra maestra y cada metro de más es un viaje en el tiempo en el que mirarnos extrañados. Recóndito, perdido en un laberinto en el que es placentero no encontrarse, el ser humano se reconoce en un entramado tan peculiar como irrepetible en cualquier otra parte del mundo. De fondo, rompe el silencio de forma periódica el resonar de un agua que cae lentamente en una esquina remota del barrio de Santa Cruz.

La fuente de la Judería, situada en la calle de mismo nombre, es uno de esos rincones que no aparecen en ningún mapa pero que guardan una de las estampas más bellas e intrínsecas de la ciudad. En una esquina mientras se abraza al Alcázar, este pequeño espacio sorprende a todo caminante que no espera encontrarse con algo así en una calle tan intrascendente en la teoría y tan excitante en la práctica. Fruto de esa magia, se invoca la inspiración y la reflexión frente a ella, una fuente diminuta y discreta que, sin embargo, se ha convertido en una de las esquinas que más merece la pena visitar y que más gusta a todo transeúnte ajeno o no a Sevilla.

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La fuente de la Judería, anclada en las murallas del Alcázar l Daniel Moya López

Fue realizada por Juan Talavera y Heredia, arquitecto sevillano, en la década de 1940 para añadir un elemento más a una calle que, de por sí, gracias a su oculto emplazamiento y su peculiar estructura, es de una riqueza sobresaliente. Sin embargo, los años no pasan en balde y, aunque hasta cierto punto está alejada del vandalismo por lo escondido de su situación, el deterioro era palpable en los últimos años. La empresa de conservación y restauración Metis se hizo cargo de devolverla a su mejor estado el año pasado en una intervención que puede verse en un informe que hizo público la propia compañía.

Gracias al trabajo de restauración, la fuente fue limpiada de elementos químicos que la mantenían con una clara decoloración en el mármol, además de reponerse los dos muros que conforman la esquina en la que se encuentra y que habían sufrido el exceso de humedad y el caer, por despacio que sea, del agua. Por último, se colocó el barrote que había desaparecido de la verja que la protege y que guarda la distancia con esos ojos deleitados que la miran con pasión. Con ello, la fuente estaba en plenitud de forma, como si en esa máquina del tiempo se hubiera retrocedido setenta años.

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Otra perspectiva de la fuente de la Judería, ya restaurada l Daniel Moya López

Al lado la custodian yedras y jazmínes, que terminan de elaborar un conjunto que mezcla la belleza de la naturalidad de las ramas con la hermosura de una pequeña pieza arquitectónica. En frente, en uno de esos muros que se imponen en el barrio de Santa Cruz, una placa recuerda a Luis Cernuda, poeta sevillano que murió exiliado, por el primer centenario de su nacimiento. Enclave para poetas y fotógrafos que quieran inmortalizar, ya sea en versos o en imágenes, algo que habrán saboreado con sus retinas.

La simbología también juega a ser poeta en el callejero sevillano. En un hermoso trazado, Sevilla escribe versos mientras se camina por su suelo. La calle Agua da inicio a la travesía por el barrio de Santa Cruz y se hace definición gráfica de la descripción perfecta de los cascos históricos de ciudades que fueron arábigas en su momento. Trazado irregular, estrecho y sinuoso. A la izquierda se queda la muralla que oculta los jardines del Real Alcázar. Tras navegar por una calle que constituye un museo al aire libre, tras tanta agua el caminante sediento deriva a la calle Vida. Del agua a la vida, la curiosidad del ser humano le sumerge en una puerta-arco de rejas que le lleva a la judería sevillana. La máquina, ahora sí, terminó de alcanzar su año en el pasado. En aquel pasadizo oculto, el caminante se embelesa con la fuente, cruza por debajo de las antiguas casas judías hasta desembocar de la estrechez a la amplitud del Patio de Banderas. Un recorrido con una salida y una entrada, sin alternativas, porque no hay necesidad de otras opciones. Nunca a nadie se le pasó por la mente que hubiera otra. Y mientras se libera de esa estrechez de abrazo alentador, emerge en el cielo mientras avanza en pasos lentos la figura de la Giralda, que se hace gigante mientras vigila desde las alturas cada movimiento en su ciudad. El agua llevó a la vida, y la vida se desvió lo suficiente hasta rendirse a La Giralda. Una estampa nocturna sin igual que el tiempo ha sabido conservar para que la pudieran disfrutar de forma idéntica dos personas separadas por cientos de años de diferencia. He ahí la máquina del pasado.

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Inicio de la calle Agua, entrada al barrio de Santa Cruz l Daniel Moya López

El barrio de Santa Cruz es, probablemente, el más visitado de toda Sevilla y debe sus orígenes al medievo, cuando se insertó la comunidad judía en este emplazamiento hasta su expulsión a finales del siglo XV, como recoge la web de Conocer Sevilla. Su popularidad no sólo se asocia a guías turísticas e informaciones sobre la belleza de la ciudad. Trasciende más allá, cobra vida y es corazón de Sevilla. Un elemento inseparable e inamovible por más que pasen años, décadas y siglos. Se respira hasta el punto de que es composición musical en una marcha procesional, llamada “Judería sevillana”. No tiene la actividad de antaño, pero no le falta vivacidad a este enramado de calles y plazas que conforman casi un microclima único en la capital. Cada vez es casi una primera vez incluso para los propios sevillanos. Se reinventa sin cambiar lo más mínimo su esencia.

Sin embargo, en toda luz siempre hay una etapa oscura, y Santa Cruz no fue menos. El barrio en el siglo XIX se convirtió en un suburbio céntrico, hogar para maleantes y enfermedades. Los días eran negros y entre las sombras de sus calles, caminar era un verdadero reto. Su admirada estructura geográfica, afín a crear fortalezas gracias a la pequeñez de sus calles y lo asimétrico de todo su recorrido, se volvió contraproducente y albergó la miseria entre sus paredes. Gracias a la Exposición Iberoamericana de 1929 se restauró Santa Cruz y se liberó de esas negativas fuerzas a aquella judería medieval que siempre fue emblema. El barrio recuperó su esplendor y expulsó sus impulsos más sangrantes para regresar como ruta indispensable de una Sevilla que la echó de menos. Recuperó su independencia, la que otorga el poder de su historia.

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Vista de la Giralda desde la salida de la calle Judería l Daniel Moya López

La banda sonora de esos pasadizos fríos en la noche invernal de Sevilla será por mucho tiempo el correr del agua de la Fuente de la Judería, latente en aquella esquina de ángulo recto como tantas otras. Sin embargo, en su anonimato se lucirá para todo aquel caminante desorientado que se la encontró como oasis en el desierto. También para aquel amor que desee una intimidad al aire libre. O hasta para aquél que en su camino rutinario prefiera cruzar por al lado para hacer especial cada día. Bajo el pseudónimo simple de fuente, firmará obras escritas y pictóricas sin llevarse más protagonismo, mientras algunos de los sueños más esperados se  consume en la desazón. Hay rincones que lucen más en un tercer plano. A la sombra y en silencio armonizados por alguna musa que se divisa desde el boulevard de los sueños rotos.

El Panteón de los sevillanos ilustres

Publicado por Daniel Moya López el diciembre 7, 2013
Publicado en: Rincones ocultos. Etiquetado: Alberto Lista, Bécquer, Benito Arias Montano, Buen Pastor, Fernán Caballero, Jerónimo Girón, Lecha-Marzo, panteón de los sevillanos ilustres, Ponce de León, Sevilla, sevillanos, Seville, universidad de sevilla, University of Seville. Deja un comentario

Sumido en las catacumbas de Sevilla, tras pasadizos estrechos que se sumergen en un sótano donde se venera a la historia, y entre rejas que encierran un lugar para codearse con la grandeza, se halla un rincón desconocido por un rotundo porcentaje de los sevillanos, que con ignorancia han pisado por encima sin percatarse de que bajo sus pies y capas de cemento reposan las almas más brillantes de su ciudad.

El Panteón de los sevillanos ilustres, situado bajo la Facultad de Bellas Artes y la Iglesia de la Anunciación en la calle Laraña, es el íntimo lugar de descanso para los sevillanos que escribieron con hazañas varias de las páginas en blanco de Sevilla. Recóndito, solitario, místico y con tintes de ensueño, ese pequeño paraíso soterrado les refugia de la actividad frenética de la que un día fue su ciudad y hoy les ha olvidado. Retales personales de Sevilla que son protagonistas aunque muchos de ellos apenas se conserven en alguna memoria.

Construido originariamente como la cripta de la universidad de los Jesuitas  en la primera mitad del siglo XVI, sirvió como su lugar de entierro hasta que Carlos III expulsó a esta comunidad. Este rincón oculto permaneció vacío en el abandono hasta que en 1960, con Vázquez de Sagastizábal como arquitecto encargado, se ordenó la reconstrucción del Panteón para alojar a los ilustres sevillanos, desperdigados por la ciudad o ni siquiera en ella. Sevilla precisaba de otro hogar para alojar su pasado más notable.

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Entrada al Panteón de los sevillanos ilustres en la Facultad de Bellas Artes l Daniel Moya López

Más allá del poderoso y excelso legado cultural e histórico que aguarda Sevilla, con edificios irrepetibles, la ciudad también presenta una importante lista de personas que a lo largo de la historia construyeron, sin piedras ni arcilla, grandes logros que permanecen en el infame anonimato. En el Panteón descansan figuras como la familia Ponce de León, nobles que poseían grandes tierras en pueblos cercanos a Sevilla como Marchena o Carmona, y Benito Arias Montano, intelectual que se introdujo en la disciplina de la alquimia, precedente de la física y la química, y además fue un prolífero poeta.

Sin embargo, el centro de atención se lo llevan los hermanos Bécquer, sevillanos por excelencia en el resto del planeta. Allí reposan Valeriano y Gustavo Adolfo, que murieron en un intervalo de apenas varios meses en 1870. Fueron trasladados en 1913 a Sevilla en un turbulento viaje a causa de la lluvia que les obligó a permanecer en la Iglesia de San Vicente una noche. En 1972 sus restos fueron depositados tras ese ángel que los custodia y al que se rinde aquél que aún busca una llama de esperanza. “Las personas suelen dejar ramos de flores y cartas junto a la lápida, y depositan sus deseos en papel sobre la talla, esperando que bajo la presencia de Bécquer se hagan realidad”, comenta el guía que conduce y presenta las puertas de este pequeño rincón. “El papel hace daño a la talla, pero la gente los deja mientras piensa en poemas de Bécquer”, añade. Al fin y al cabo, el valor de una obra de arte no está sólo en su superficie, sino en lo que representa y en las miles de historias que se citan a su alrededor. Muchos sevillanos acuden a la esperanza del mayor expositor del romanticismo, y engrandecen su figura con el resquicio de que algún día esa llama les llegue. Otros acuden con el corazón derramando sangre en lágrimas, con el deseo de que aquellos ojos que les iluminaron en una tarde lluviosa de primavera vuelvan a sus vidas. Que el amor regrese. Que si es cierto que el destino existe, por favor, que vuelva su Santísima Trinidad.

Te amo, TGS

Lápida de los hermanos Bécquer, con un ramo de flores y cartas en su homenaje l Daniel Moya López

Te echo de menos, TGS

Detalle de los trozos de papel dejados por las personas que visitan a Bécquer l Daniel Moya López

El Panteón de los sevillanos ilustres también es el lugar donde dormitan algunos militares condecorados con la cruz de la Orden de Santiago, entre otras. Esa cruz que lucen los niños de la Borriquita y que llena de ilusión cada Domingo de Ramos, homenajea a hombres valientes y que, en su momento, lucharon hasta el final por sus principios, como Antonio Desmaiseres o Luis José Sartorius, en cuya lápida hace ápice de su profundo catolicismo: ‘Que la luz del cielo resplandezca eternamente en su alma’. También hay sitio para Jerónimo Girón, quien fuera Consejero de Estado y amante de Catalina II de Rusia, cuya historia conocen bien los chicos del colegio Buen Pastor, encargados de guiar entre aquellas paredes. “Desafortunadamente, pese a que la reputación de Girón quedó en muy alta estima, su fortuna acabó completamente perdida y él arruinado”, comenta uno de los alumnos. La idiosincrasia sevillana ha permanecido viva durante siglos.

También reposan bajo la Iglesia de la Anunciación Mateos Gago, catedrático de la Universidad de Sevilla que formaba parte de la Comisión de Patrimonio pero que no pudo evitar el derribo de la Iglesia de San Miguel. En su honor también figura una de las calles más importantes del barrio de Santa Cruz. Próximos a él descansan Antonio Martín Villa, Secretario General y Rector de la Universidad de Sevilla, y Alberto Lista, poeta afrancesado que tuvo que exiliarse algunos años tras la Guerra de la Independencia en el siglo XIX.

Ya en una esquina, entre otros, se encuentra José Gestoso, escritor e historiador que se implicó en la creación del Museo Arqueológico de Sevilla, y José María Izquierdo, ex presidente del Ateneo de Sevilla y creador de la Cabalgata de Reyes Magos. Sin embargo, entre tanto ilustre y elitismo, aún hay hueco para dos nombres que sobresalen. Antonio Lecha-Marzo, un anónimo del que bien puede sentirse orgulloso, no sólo cualquier sevillano, sino cualquier ciudadano de España. Este reputado forense halló múltiples hallazgo en el ámbito criminal, siendo el primero en descubrir el culpable de una violación a través del esperma. “Muchas veces elogiamos a otros países, como por ejemplo Alemania, sin conocer que aquí en España hemos tenido figuras muy importantes y que están completamente olvidadas”, detalla el guía. También destaca Fernán Caballero, pseudónimo bajo el que escribía Cecilia Böhl de Faber y Larrea, escritora y folclorista que también había caído en ese pozo tan amargo, burdo y cruel que es el olvido. Ése que todo ser humano teme. “Ella fue la última de las personas que se enterraron aquí, gracias al empeño del director del colegio Buen Pastor”, indica el alumno, que prosigue: “Estaba enterrada en el cementerio de San Fernando, la buscamos y la encontramos completamente abandonada, hasta que la trajimos aquí para darle el lugar que merece”.

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Lápidas de algunos de los ilustres sevillanos que se encuentran en el Panteón l Daniel Moya López

El caso de Cecilia abre un debate que debería colarse entre esas bóvedas que aguardan el respirar de otra época. En pleno siglo XXI la mujer ha ganado peso en la sociedad, y la historia ha demostrado que hay grandes figuras femeninas que hicieron del mundo otro lugar. Sin embargo, Cecilia es la única mujer que acoge aquel magnánimo Panteón. Una injusticia histórica que, a causa del ínfimo conocimiento de este lugar, no tiene luz en el debate público. Pero sí hay referentes, como el de François Hollande, presidente de la República Francesa, que quiso dar cabida a más mujeres en el Panteón de París, como se recoge en el diario El País. Una deuda histórica, lejana a primas de riesgo, Ibex 35 y números en verde y en rojo que debe ser saldada cuanto antes.

En aquel recinto descansan muchas almas prodigiosas para Sevilla, que algún día transportaron el nombre de esta ciudad por el mundo. Pero, en esos pasillos aún queda sitio para otras muchas almas que faltan y no son menos ilustres sevillanos. Pero, por lo pronto, parece complicada una futura ampliación en la nómina de personajes. “La Universidad de Sevilla se opone, pero nuestro director, que forma parte de la Comisión de Patrimonio, quiere traer a más personas que merecen este lugar porque capacidad hay”, explica el alumno del Buen Pastor, colegio muy implicado en la causa y que abre las puertas del Panteón todos los viernes de 16:30 a 19:30, un horario tan reducido que eleva el misterio de este lugar mientras deja que la soledad no sea completa, sino que se quede en el casi.

La memoria, la historia, el honor, la grandeza y Sevilla se reúnen para constituir, casi literal y figuradamente, los cimientos de la ciudad. En aquel silencio perviven muchos siglos vivos, nombres que un día mencionaban con orgullo Sevilla y suponían las grandes hazañas comentadas en la ciudad. Los días y las noches pasan sobre ese mausoleo, que no tiene la altura de La Giralda, ni la extensión de la Catedral, tampoco el sabor añejo del Real Alcázar, ni la vista privilegiada de la Torre del Oro. No, no cuenta con esos complementos, pero allí se graba con letras doradas nombres de Sevilla. Biografías que merecen ser recordadas.

El cementerio del olvido

Publicado por Daniel Moya López el diciembre 4, 2013
Publicado en: Ruinas. Etiquetado: AVE, Cartuja, españa, expo 92, exposicion universal 1992, Sevilla, Seville, Spain. Deja un comentario

Como la luz de un relámpago, el año 1992 marcó un antes y un después en Sevilla.  Aquel año tanto la ciudad como la fecha contrajeron matrimonio un 20 de abril y dieron a luz al hijo pródigo, la Exposición Universal de 1992. La capital de Andalucía vivió un idilio romántico durante seis meses, se enamoró y enamoró a todo aquél que la contempló. Por un tiempo se quitó del estigma de ciudad abrazada hasta la eternidad a sus raíces. Creció con su propio estilo. Creció sin olvidar. Sin embargo, 21 años más tarde, aquella niña de ojos bonitos, presenta un rostro demacrado por el transcurso del tiempo. Y es que no hay piedad para quien recae en el olvido.

Desde que Juan Carlos I anunciara en 1976 en un viaje a la República Dominicana la intención de España por realizar una Exposición Universal en la que acoger al mundo para conmemorar el V Centenario del descubrimiento de América, hecho que recoge la Asociación Legado Expo, Sevilla trabajó a destajo para cumplir un sueño que, por entonces, aún estaba imberbe. Con humildad y saber hacer, la ciudad hispalense dio toda una lección de cómo organizar un gran evento, que atrajo a la friolera de 41.800.000 de personas. La ambición fue tal, que por el camino se quedó Chicago, como informó El País, que se vio sonrojada por el avance de aquella ciudad mediana que se hizo grande. La ciudad de los vientos no esperaba semejante vendaval. Pese al escepticismo, la Expo ’92 privilegió a Sevilla con la SE-30, la estación de Santa Justa y el estreno de la red ferrioviaria de la Alta Velocidad Española (AVE), el aeropuerto de San Pablo, la devolución del antiguo cauce del río, infraestructuras como los puentes del Quinto Centenario y el Alamillo, teatros como el de la Maestranza, o nuevas zonas verdes. En definitiva, Sevilla se transformó. Cerró los ojos, dio un paso adelante y cuando los abrió era la cuarta ciudad de España.

La Isla de la Cartuja, hasta entonces un solar de arena desértica que se encontraba más allá de los muros de contención del río, acogió aquella pequeña urbe de excelsa modernidad y que nada parecía tener que ver con el resto de Sevilla. Sin embargo, dos décadas más tarde, la Isla de la Cartuja es de nuevo un solar, pero de edificios desfasados, y que, en efecto, sigue sin parecer tener nada que ver con Sevilla. El olvido al que se ha visto sometido la ha envejecido hasta el punto de convertirse en un recinto fantasma, sin brío por sus calles heladas en invierno y  con una soledad muy lejana a aquel 1992 en la que durante seis meses hubo hasta carreras por disfrutar cada centímetro de su superficie.

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Fuente de una de las avenidas de la Expo ’92 l Daniel Moya López

Tras la Expo ’92 la incertidumbre tras lo que habría de llegar en aquel pequeño corazón esquinado de Sevilla era notable. La Isla de la Cartuja ofrecía muchas alternativas. Se decantó por el proyecto Cartuja’93, la reconversión de aquella “Era de los descubrimientos” en sede fija para muchas empresas que buscaban estabilidad. Pero el legado de la Exposición Universal se derrumbó. Sevilla olvidó a la Expo ’92, y su legado hoy reposa convertido en un cementerio.

La realidad cotidiana de la Cartuja es la de una isla en la que los coches se amontonan en las aceras y casi colindan con las escaleras principales de los edificios por falta de aparcamiento. La de una isla sin vida que apenas emite murmullo de algún transeúnte que busca en aquel laberinto un emplazamiento. La de una isla que alberga tan sólo restos descuidados y retales polvorientos de lo que fue aquella Expo ’92. La de una isla universitaria (Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Facultad de Comunicación) de Campus invisible y que mantiene el descontento de los estudiantes por su lejanía. La de una isla cuyo ocio se reduce a vasos de fin de semana que acogen tragos de mil y un sentimientos como previa fase a la entrada de una discoteca, a la espera de ver amanecer en un suelo desgastado. La Cartuja, en efecto, se congela en el anhelo de lo que pudo ser y arde en las lamentaciones de lo que hoy es.

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Parte de atrás de la fachada del Pabellón de Hungría cuyo deterioro es palpable l Daniel Moya López

Las instituciones se han olvidado de la Expo ’92, pese a que ésta les dio lo que hoy son. Los sevillanos han caído en ese silencio y apenas recuerdan nada de aquel territorio en el que tendrán guardados decenas de recuerdos en su memoria, sin intento alguno siquiera por revivirlos. La Isla de la Cartuja podría ser escenario de tardes de paseo en la que contar anécdotas, rejuvenecer un poco y honrar al pasado más reciente y triunfador de la ciudad. Un espacio desde el que enseñar a las nuevas generaciones que se perdieron por capricho del tiempo aquel privilegio de sueño que su ciudad vivió mientras ellos ni siquiera estaban en la mente. Pero nada de eso ha ocurrido. La Expo ’92 es un mar de lágrimas que daría lo que fuera por volver a empezar.

Los restos de aquel sueño han sido víctimas de esa ignorancia. La Isla de la Cartuja presenta una pésima conservación tan sólo 21 años más tarde. Ruinas recientes que aún siguen en pie, pese a todo. Para todo aquél que las contempla, aún puede divisar algo de aquella niña tan bella. Las grietas, los desgarros, las noches vacías nunca pueden acabar con la belleza. Casi todos los pabellones que han permanecido en Sevilla presentan una apariencia rauda, algunos de ellos en unas condiciones de precariedad marginal absoluta. En total, 34 de los 98 pabellones se quedaron en Sevilla, una cifra récord que no ha contado con un respaldo digno de tanto alarde. Y, por supuesto, la estética tampoco se asemeja en demasía. Las empresas que se han instalado allí transformaron lo que fue una pequeña ciudad vertiginosa en un parque de retales sin mantenimiento. Es el caso del Pabellón de Finlandia, cuya fachada de metal presenta un grado de oxidación que forman las cicatrices del olvido.

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Fachada del pabellón de Finlandia, oxidada por el pasar del tiempo l Daniel Moya López

Punto y aparte merece el Pabellón de Hungría, que muere derrocado en el más absoluto abandono y desgracia. Aquel castillo que trasladó a los visitantes la fría Europa del este, guarda en su interior otro tipo de frío. Sus maderas están rotas, su fachada herida se cae lentamente, sus ventanas se mueven al son del viento, único movimiento perceptible a su alrededor. Las palomas hicieron de sus torres servicio público. Si la intención con él fue dibujar el terror de las historias más tradicionales de su cultura, hoy el terror está consumado con el miedo a que cualquier eco retumbe demasiado en sus esquinas. Sin redentor, como el pabellón que tenía justo en frente, el de la Santa Sede. Tampoco hubo salvación para él. Fue demolido hace cinco años, suceso que ya adelantó ABC de Sevilla.

Las fuentes tampoco presentan su mejor estado. Es el caso de la que contempla desde abajo la gran esfera que es el símbolo de la Expo ’92. Una metáfora poéticamente casi perfecta. La gigantez de ese globo tiene en su base restos espumosos, envases de plástico, botellas sin mensaje y agua turbia como su pasado más reciente. Los azulejos presentan imperfecciones y roturas, amasadas en un pasar del tiempo del que nadie ha tenido constancia. Tatuajes urbanos marcan los restos de piel que aún siguen en pie. La Isla de la Cartuja se ha convertido en un suburbio con aires pasados de grandeza. Zona marginal sin personas.

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Fuente situada bajo la biosfera, símbolo de la Expo ’92 l Daniel Moya López

Mientras tanto, la situación del legado de la Expo ’92 es un problema irreal que casi nadie conoce. Pervive en un silencio que apenas unos ciudadanos han querido romper, como demostró la Asociación Legado Expo junto con la Fundación Tres Culturas, que organizaron una visita el año pasado con la sorpresa de recibir a 2.000 visitantes, pese a que los actos para conmemorar el XX Aniversario de su celebración apenas fue importante, una vez más, para las instituciones, como se aprecia en Diario de Sevilla. Aún hay esperanzas para que el futuro traiga nuevas perspectivas y de algo de esplendor a la Expo. Nunca es tarde, por más que lo parezca. Siempre hay algún resquicio para suspirar por un regreso.

En los últimos tiempos la estación de tren de la Cartuja abrió para ofrecer servicio ferroviario y acercar un poco más a la isla al entorno de la ciudad. También se ha acometido a la restauración del Pabellón de la Unión Europea, que goza en su torre de un brillo que entusiasma y ondea sus banderas de cristales con otra mirada. Y, por supuesto, en los límites del recinto termina de levantarse una de las grandes polémicas por la estética de la ciudad. La Torre Pelli amenazó a Sevilla, a los sevillanos y a la Giralda. Puso en jaque las raíces sevillanas y se dramatizó hasta flirtear con la UNESCO. El ciudadano se olvidó de que la grandeza no está en la altura, sino en lo que representa para la historia de la ciudad. La Torre Pelli tiene mucho que envidiar.

Pese a todo, aún se pueden sacar bellas estampas de la Expo ’92. Aunque esté herida, con cicatrices y borrones provocados por el olvido, en aquel cementerio aún cruza un río que deja un arpa solitaria con ambición de tocar el cielo, o una esquelética barca que daba la bienvenida a los visitantes. La Torre Schindler aún se derrama en atardeceres mientras el río se contagia de la luz del sol, y los jardines se entremezclan entre el agua disparada por las fuentes para cristalizar el momento. Un paraíso fotográfico para denunciar y deleitarse a la vez.

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Pabellón de la Unión Europea, recientemente rehabilitado l Daniel Moya López

La Expo ’92 es una mirada al pasado, y quiere ser testigo del futuro. Permanece abandonada a la deriva. Olvidada por error y descuidada como crimen. Hace 21 años, Sevilla cambió para avanzar. La Expo ’92 fue el terremoto que puso orden para crecer. Hoy, 21 años más tarde, ese movimiento sísmico está paralizado mientras contempla cómo es cierto que el cielo se mueve con el pasar de las horas. Y contando las horas espera por ser niña otra vez en Sevilla. O mejor aún, con mejores perspectivas, ser una joven deseada. Que haya caricias en su cuerpo, miradas cómplices y sonrisas por lo que un día vivieron. Hasta entonces, la Expo ’92 guardará silencio en el cementerio del olvido.

Vídeo publicado por Canal Sur

Otras fuentes: Suplemento especial publicado por el Correo de Andalucía con motivo del XX aniversario de la Expo ’92.

La oscuridad de Santa Catalina

Publicado por Daniel Moya López el diciembre 1, 2013
Publicado en: Ruinas. Etiquetado: BIC, bien de interés cultural, gótico, iglesia, mudéjar, Santa Catalina, Sevilla, Seville. Deja un comentario

En el año 2004 Sevilla vio cómo se cerraba una de sus puertas, las de un enclave céntrico y morador antiquísimo de su historia. La Iglesia de Santa Catalina anunciaba su cierre debido a su pobre y arriesgado estado, y con ello se daba inicio a una larga travesía que aún hoy en el presente colea entre sinsabores y algunos resquicios de esperanzas. Y es que, cuando ya 2013 cuenta agonizante sus días, Santa Catalina permanece estancada en amaneceres amargos mientras su piel soporta el frío en sus heridas desconchadas.

El silencio en el que se ha visto sumida le ha hecho caer en un atrevido anonimato, pero Santa Catalina pide a gritos honor a un renombre que tiene en la historia sus principales cimientos. El templo, de estilo gótico-mudéjar, fue construido hace más de 600 años – se estima que entre 1350 y 1399, según se recoge en su ficha del Patrimonio Inmueble de Andalucía –, bastante antes, por ejemplo, que otra de las señas de esta ciudad, la Iglesia del Salvador. Se construyó sobre las ruinas de una antigua mezquita, legado de una de las civilizaciones que más riqueza dejó en Sevilla, de la que conserva parte del mihrab y el alminar en la torre que la corona. Siete siglos más tarde, vuelve a ser una ruina.

La Iglesia de Santa Catalina fue declarada Monumento Nacional en 1912 y está dentro de la categoría de Bien de Interés Cultural, que sustituyó al anterior rango en 1985. Pese a sufrir varias remodelaciones a lo largo de los tiempos, la iglesia mantiene su esencia como principal valor, esa mezcla de dos tipos de arquitectura, a la que se le han añadido otras piezas preciadas. Fue el caso de la Capilla Sacramental, realizada por Leonardo Figueroa – que también hizo la maravillosa Iglesia de San Luis de los franceses – hacia 1721, y que según recoge la ya citada base de datos de Bienes Inmuebles de Andalucía, es una de las obras puntales del barroco sevillano.

Daniel Moya López: Santa Catalina - Sevilla en retales

Visión trasera de Santa Catalina en la que se observa el arte gótico-mudéjar del templo l Daniel Moya López

Su cierre fue motivo de tristeza, pero también una razón para el optimismo y devolver el brío a un monumento que cada vez presentaba un aspecto más descuidado y preocupantemente peligroso. Sin embargo, Santa Catalina cayó en la dejadez y se convirtió en víctima del intrascendente pero crudo pasar del tiempo. No fue una novedad. Nada más lejos de la realidad, el buque insignia que siempre ha sido la Iglesia del Salvador había cerrado poco antes y también se sumergió en unas idas y venidas sin destino en un proyecto de restauración eterno y que terminó por hastiar a los sevillanos hasta que en 2008, por fin, recuperaba un esplendor que fue recibido en masa por la ciudad. Ciudadanos implicados con su ciudad vieron en Santa Catalina la creación de otro tormentoso bucle. De nuevo, Sevilla pedía ayuda a los que siempre le han dado su razón de ser.

Daniel Moya López: Santa Catalina - Sevilla en retales

La iglesia de Santa Catalina tras nueve años de cierre l Daniel Moya López

Los movimientos ciudadanos, como el creado a través de Facebook y llamado ‘Restauración de la Iglesia de Santa Catalina’, han luchado para que el templo no quedara en la estantería de planos abarrotados de polvo. La única restauración acometida ha sido para sustituir las cubiertas de la iglesia, que suponían el principal e inicial peligro por las filtraciones de agua en cada lluvia. Pero más allá de eso, durante estos largos años, la brisa de las calles estrechas aledañas a Santa Catalina sólo traían noticias de las eternas disputas de las distintas instituciones por ver la aportación económica de cada una. Junta de Andalucía, Ayuntamiento de Sevilla y Arzobispado se han enfrascado en una demora que se iba disimulando con informaciones a cuentagotas sobre avances nimios para emprender el proceso.

Daniel Moya López: Santa Catalina - Sevilla en retales

Actual situación de la fachada de Santa Catalina l Daniel Moya López

Mientras tanto, ni los sevillanos podían deleitarse ante otro de sus legados, ni los visitantes podían grabar en su memoria otro agradable recuerdo de aquel viaje, ni los vecinos podían salir a sus balcones a ver el cuadro que les regalaba sus retinas, ni la Hermandad de La Exaltación podía dormitar en su casa, mientras la acogen en el exilio sus vecinos de la Iglesia de los Terceros. Actores impotentes que se estremecieron cuando llegó el primer informe sobre la situación de Santa Catalina, que recogía ABC de Sevilla cuando se cumplían 3.000 días del cierre. La cesión de varios pilares estaba hundiendo el suelo. El riesgo de derrumbe no era una pesadilla, sino una realidad.

Salvo pequeños aullidos de esas mareas ciudadanas de oleaje voluntarioso pero dócil, Santa Catalina ha permanecido quebrada en la resolución previa para el inicio de una restauración que estaba en manos de ningún responsable pero todos encargados. Un segundo informe pedido por la Archidiócesis de Sevilla concluyó en un extremo opuesto. No había riesgo de derrumbe, ni la situación de la iglesia requería una actuación urgente. Una bocanada de aire que no ha impedido que se haya trabajado con más ímpetu tras haber visto las orejas al lobo. Hace unos días el Arzobispado presentó el proyecto de restauración integral del templo, que se iniciará en 2014 tal como informó en verano el diario 20 minutos. Unas obras estimadas en algo menos de dos millones de euros, aunque no se sepa aún de donde saldrá tal montante.

Los añejos ladrillos de Santa Catalina respiran asfixiados y húmedos después de tanta lágrima. Las últimas esperanzas apuntan a que volverán a sentir cómo entra el frescor de la calle por sus puertas en 2014, diez años más tarde desde que escuchara el retumbar vacío de sus puertas en un interior que se quedaba a oscuras. Los ventanales apesadumbrados apenas dejan entrar luz, la fachada se ha vuelto rugosa y áspera en su desnudo, la torre mira hacia abajo con resignación y afligida. Santa Catalina desea estar de vuelta. Ser legado vivo y no moribundo de sus sevillanos, ser recuerdo agradable y no malconservado de los visitantes, volver a iluminar las retinas de sus vecinos, y acoger como un niño de casi 700 años la salida cada Jueves Santo de la Hermandad de La Exaltación. Soñar para el que sólo conserva heridas es una receta de vértigo, pero entre tanta caída y lamentación no hay espacio para otra alternativa. ¿Será 2014? Responderán las puertas de Santa Catalina.

Vídeo publicado por Sevilla Directo.

El marginado ‘Huevo de Colón’

Publicado por Daniel Moya López el noviembre 27, 2013
Publicado en: Rincones ocultos. Etiquetado: cristóbal colón, huevo de colón, rincones ocultos, san jerónimo, Sevilla, vandalismo, zurab tsetereli. Deja un comentario

Allí donde el viento corre en solitario, donde el caer de la noche da el toque de queda y la soledad se convierte en vulnerabilidad, se encuentra uno de los monumentos más espectaculares que esconde esta Sevilla de contrastes. El ‘Huevo de Colón’, desconocido para muchas personas que tan sólo saben de su existencia de “oídas”, es el fiel retrato de una ciudad tan bella como descuidada a la vez, de apariencia entera pero frágil en su interior. Permanece a la intemperie oculto en un rincón inaccesible para su admiración, pero de fácil dominio para aquél que busca en él otros intereses.

Situado en el Parque de San Jerónimo, a las afueras de la ciudad, este monumento aterrizó en Sevilla en 1994 como un regalo tardío – debió construirse tres años antes – realizado por el ayuntamiento de Moscú por la Exposición Universal de 1992. Su autor Zurab Tsetereli, de origen georgiano, levantó un enorme huevo de 45 metros de altura que rindiera homenaje a una de las figuras que más sedujo al creador, la de Cristóbal Colón. De hecho, hubo otros proyectos realizados posteriormente para instalar otras estructuras parecidas en Estados Unidos o Puerto Rico. La infraestructura está hecha de bronce y resulta imponente por el gigantesco tamaño de Colón, que nos dibuja una metáfora entre la inmensidad y nuestra pequeñez en simultáneo. Apenas un dato describe la magnitud de este desconocido enclave. Hicieron falta hasta 37 camiones para trasladarlo desde el puerto de Santurce (Bilbao), donde llegó por mar desde Rusia, hasta Sevilla, tal como puede observarse en la hemeroteca de ABC.

El ‘Huevo de Colón’ es un monumento que hace oda a los simbolismos como pocos en la ciudad hispalense. Nada más lejos de la realidad, su verdadero nombre es el de El nacimiento de un Hombre nuevo, en referencia al descubrimiento de América del que se había cumplido el V Centenario. La escultura es un enorme cascarón de 45 metros que tiene en su superficie las tres cruces que rememoran a aquéllas que iban en las velas de las tres naos de la expedición colombina. En su interior se levanta una enorme esfigie de Cristóbal Colón que conquista con supremacía aquel emplazamiento como en su día lo hizo en persona con América. En sus manos, un mapa cartográfico nos retrata el camino al descubrimiento y sustenta la imagen de sus tres carabelas, testigos de aquella aventura en la que nadie creyó allá por el siglo XV. En sus alrededores, una fuente circular que emerge como un lago cual Océano Atlántico en el alto medievo.

Pero, por si fuera pequeño todo este entramado de alegorías, la que más resalta es la figura del huevo. Cuenta la leyenda, según recoge la propia Real Academia de la lengua Española (RAE), que en una cena Colón propuso  un reto a los nobles que le rodeaban allí en las Américas. Al escuchar que, si no hubiera sido Colón, habría sido otro el descubridor del Nuevo Mundo, el genovés lanzó la prueba de mantener un huevo en pie sobre la mesa. Éste fue pasando por todas las manos sin éxito hasta volver a las de Cristóbal. El almirante cogió el huevo, lo  golpeó contra la mesa hasta resquebrajarlo un poco consiguiendo que éste permaneciera de pie sobre la superficie. De ese extracto, escrito por Girolamo Benzoni, la RAE define el ‘Huevo de Colón’ como “cosa que aparenta tener mucha dificultad pero resulta ser fácil al conocer su artificio”. En otras palabras, que cualquiera sabe hacer algo una vez hecha la heroica.

El Nacimiento de un Hombre nuevo, imponente en San Jerónimo l http://www.panoramio.com

Sin embargo, la escultura está incompleta, hecho que apenas es conocido y cuyos motivos no son más que un cúmulo de sospechas en la realidad que vive este solitario monumento en un rincón repleto de polos negativos. En ese océano al que se hacía referencia anteriormente, navegaban en estático las réplicas exactas en miniatura de las tres embarcaciones de Cristóbal Colón, también hechas en bronce y que ponían la guinda a esta singular escultura, según informa el blog Cultura de Sevilla. Lo que pasó con ellas es un misterio. Desaparecieron sin más. Pero con el paso de los años la oscura sombra que se ha cernido sobre el monumento deja entrever la solución a la incógnita.

Su alejada localización y su emplazamiento oculto le ha dotado de una vulnerabilidad que causa estragos y le consume muy lentamente. La falta de protección y su desconocimiento ha llevado que aquellos que no saben apreciar el valor de la historia estén desmantelando la escultura. El bronce es un material muy cotizado en el mercado negro, tan prolífero en Sevilla, hasta el punto de que el ‘Huevo de Colón’ ha pasado de ser un patrimonio irrepetible para la ciudad a una fuente de recursos materiales para estos comerciantes. La alarma ha llegado hasta el punto de provocar el desnudo de la obra, que sin sus piezas deja al descubierto los más profundos retales de su infraestructura. La fuente, que en un primer momento se ideó incluso como antiguo foso medieval para impedir el avance de los enemigos, permanece como impotente canal por el que es fácil acceder a las entrañas de Colón.

No tardaron en aparecer los problemas, hecho que denunció ABC en agosto de 1998. El ayuntamiento sevillano tuvo que restaurar las bases de la escultura en febrero de 2000 porque el vandalismo ya era un virus que rasgaba en arañazos su coraza. Pero, en realidad, el problema de fondo y el verdadero causante de la eterna historia en la que se sumerge la obra de Tsetereli, ha sido la lacra que nunca se ha querido combatir. Ningún mecanismo de seguridad ha protegido lo suficiente a esos 45 metros que lejos de imponerse como el guardián del Parque de San Jerónimo, son su víctima más frecuentada. El año pasado el ayuntamiento valló con una estructura metálica la escultura para evitar más robos y destrozos para volver a recuperarlo, según recogió Diario de Sevilla, pero ni siquiera una valla de metal parece el final del conflicto. Será una reconciliación efímera.

Algunos colectivos ciudadanos, incluidos vecinos del barrio de San Jerónimo, se han quejado de que no se actúe con contundencia ni se haya buscado una solución. Una alternativa siempre fue el traslado hacia otro rincón cuyos brazos den calor y seguridad al gran huevo de Sevilla, pero la rigidez de la ciudad argumenta que el monumento, demasiado atrevido, desentonaría con el conjunto artístico sevillano. Las raíces petrificadas en la historia no recuerdan que antes de discusiones masificadas sobre la estética urbanística, Cristóbal Colón descubrió América y permitió a Sevilla ser la capital del mundo durante largos años. Un olvido que mira desencantado el devenir de los tiempos.

Y allí permanece. Anclado en una soledad de apellido anonimato. Desahuciado y marginado mientras el chorro de las fuentes de su gran pequeño océano apenas remueven olas en los que el tiempo navega pero no cambia. Hace vida, pero no vive. Anhela tiempos mejores. Echa de menos como cualquier ser humano. Se descompone mientras mantiene alguna llama de esperanza. El ‘Huevo de Colón’ fue, es y será el gran olvidado de la ciudad, siempre atento a la espera de que personas crucen ese largo pasillo de albero hasta su emplazamiento para rendirle homenaje. Y recordando aquello de que la distancia hace el olvido.

El puente del Alamillo que nunca se construyó

Publicado por Daniel Moya López el noviembre 22, 2013
Publicado en: Leyendas. Etiquetado: California, expo 92, Guadalquivir, Isla de la Cartuja, Jerusalén, leyendas, Puente del Alamillo, puentes, Santiago Calatrava, Sevilla, sevillanos, Seville. Deja un comentario

Sin duda alguna el puente del Alamillo es uno de los emblemas de la ciudad de Sevilla. Su particular estructura provoca singulares y bellas estampas fotográficas que casi todos los sevillanos guardan en algún rincón de su vida. Construido entre 1989 y 1992 para formar parte de la Expo ’92, tatuaje de la Sevilla moderna, sirvió como vía de acceso a la Isla de la Cartuja, donde se celebraría la Exposición Universal. Su autor fue Santiago Calatrava, ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes y uno de los arquitectos más especializados en este tipo de puentes. No en vano, construyó otros a imagen y semejanza en Buenos Aires, California y Jerusalén. Hermanastros que nunca cubrirán la soledad del puente hispalense. Sí, porque aunque muchos lo desconocen, el proyecto del puente del Alamillo está incompleto y, en cierto modo, vacío.

El puente de la “cabeza de caballo”, como se le conoce por la forma de su mirador, debió tener un hermano gemelo con el que compartir vida muy cerca de él. En efecto, el proyecto contaba con dos puentes idénticos colocados de forma simétrica – en dirección opuesta – a cada lado de la Isla de la Cartuja que servirían de puertas de acceso al recinto unidos por un viaducto de 526 metros. Para ser más exactos, aquel segundo puente se ubicaría donde hoy se encuentra el puente de la Corta, que permite cruzar la otra vertiente del cauce del río Guadalquivir. Sin embargo, este puente se quedó en un dibujo trazado en papel.

La razón se halla en una cuestión económica. La construcción del primer puente supuso un gasto más elevado del previsto en el presupuesto establecido y dejó a medias un proyecto que pretendía levantar sobre Sevilla dos arpas gigantes, nuevas guardianes de la ciudad. La cifra se disparó hasta los 8.000 millones de pesetas, casi un 30% de la inversión a realizar en los seis puentes que estaban previstos para construirse (31.000 millones de pesetas), tal y como recogieron los medios de comunicación por entonces. ¿Dónde estuvo el error de cálculo? El puente del Alamillo desde el principio fue una estructura innovadora, hecha para romper todos los esquemas. No sólo por su forma atirantada, que cuenta con un desnivel de 58º, sino por cómo se buscaría ese equilibrio, a base de gravedad. El puente del Alamillo fue el primer puente que no usaría tirantes de retención y tan sólo cuenta con tirantes a un lado del mismo. Esto llevó a realizar cambios en plena ejecución y usar un tablero de mayor grosor, lo que disparó la cuantía económica.

Vista nocturna del Puente del Alamillo l www.skycrapercity.com

Vista nocturna del Puente del Alamillo l http://www.skycrapercity.com

La intención inicial quería crear una enorme puerta en la que ambos puentes se unieran a través de la proyección de un láser que se divisara en el cielo, hecho que Javier Rubio expuso en el diario El Mundo en un artículo en el que rememora el gran evento. Una fantasía que daría la bienvenida a los muchos visitantes que se bajarían en la capital de Andalucía gracias a otro de los grandes proyectos que dejó la Expo ’92, el AVE, y que al aproximarse a la ciudad ya avistarían desde lejos aquel mastodóntico pórtico que buscó elevar a Sevilla hasta su cielo.

Más allá de todo esto, parece que el puente del Alamillo estaba predeterminado a crecer en dificultades. Ningún proyecto por magnánimo que sea, alcanzará jamás la perfección. En el año 1991, tal como se puede consultar en la hemeroteca de ABC, comenzó a arder un cable muy próximo a la cabeza culminante de la estructura que supuso un añadido de escepticismo para la ciudadanía en general, que ya había visto otros percances en la construcción de otras infraestructuras, como el famoso ‘Barquetazo’, que se produjo mientras colocaban el puente de la Barqueta y las sujecciones de movimiento se rompieron a causa del viento haciendo regresar al puente hasta su posición inicial en tierra. El fuego, más espectacular por su altitud que grave, se quedó en una mera anécdota y no tuvo repercusiones para que el puente viera la luz en febrero de 1992.

Innovación desmedida o no, resulta llamativo que la obra sevillana avistó lo que años más tarde se ha convertido en una estela oscura sobre el arquitecto Santiago Calatrava. El valenciano, siempre un peldaño por delante en la creación, acumula una amplia lista de casos en los tribunales que dejan en entredicho su figura, como recoge el Economista. Todos ellos tienen como trasfondo el problema que registró el puente de la ciudad hispalense, un gasto excesivo muy superior al proyectado inicialmente.

La historia se construye de acontecimientos y no acontecimientos. La historia se escribe de párrafos escritos y de páginas que quedaron en blanco. Y Sevilla guarda en su historia el destello de un puente que apenas se levantará en la imaginación de aquél que lo mantenga en su recuerdo. Una torre de sueños como las que en la vida de cada persona nunca llegaron a levantarse. El puente del Alamillo que nunca creció.

Vídeo publicado por Memoranda (Canal Sur).

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